La Organización Mundial de la Salud (OMS) debate desde hace algunos años la incorporación del “trastorno por videojuegos” como categoría diagnóstica. Esto ocurrió efectivamente a partir del primero de enero, mes en el que se publica la Clasificación Internacional de Enfermedades en su versión número once (CIE-11).

 

El Trastorno por Videojuegos implica un patrón de comportamientos de uso que se caracteriza por ser continuo o recurrente, en modalidades tanto online como offline.

 

Para llegar al diagnóstico se deben considerar los siguientes criterios:

  • Falta de control de la conducta de juego en cuanto al inicio, frecuencia, intensidad, duración, finalización y contexto en que se juega
  • Aumento de la prioridad que se otorga a los juegos frente a otros intereses vitales y actividades diarias;
  • Mantenimiento o escalada de la conducta a pesar de tener conciencia de las consecuencias negativas

 

Más allá de los diagnósticos específicos y de su inclusión o no en clasificaciones internacionales, es importante poder reflexionar sobre el tiempo que consumimos desarrollando una actividad, en este caso: jugar videojuegos, y el impacto que tiene esto en nuestra vida cotidiana.

 

Se puede ser un aficionado a este tipo de juegos y que formen parte principal de momentos de ocio. También existen personas que se dedican profesionalmente a esto a través de los e-sports y sostienen un estilo de vida en donde jugar es un medio laboral con fuente de ingresos económicos. Esto se ve comúnmente en países como Corea del Sur o Estados Unidos.

 

¿Cuál es el límite entre ocio/profesión y adicción? Definitivamente, cómo afecta nuestro tiempo de juego en las distintas áreas de nuestra vida. Cuando jugar videojuegos empieza a comprometer nuestro ámbito social, laboral, académico de forma negativa sin que podamos tener control de ello. Algunos ejemplos de conductas que pueden ser problemáticas si se encuentran en un contexto coincidente con una adicción pueden ser: faltar a reuniones sociales importantes o significativas, ausentarse al trabajo, no poder parar de pensar en el propio desempeño en los juegos, no poder establecer por cuenta propia límites claros de tiempo, postergar repetidamente responsabilidades, etc.

 

Si esta actividad comienza a traer problemas en nuestra vida cotidiana y en la forma en la que nos relacionamos con otros, es motivo de consulta con un especialista psicólogo y/o psiquiatra.

 

Lic. Jessica Alejandra Sandagorda

MN 75.190

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