Después de una semana de vértigo, donde el Gobierno casi logra su objetivo de conseguir los votos para cambiar la ley para designar al Procurador General de la Nación y la oposición logró abroquelarse detrás de Daniel Rafecas como candidato, el escenario parece haber quedado en tablas, sin que se avizore una salida para destrabar este escenario.

“La ley ya tiene dictamen”, destaca un colaborador de Cristina Kirchner, en diálogo con LA NACION. Pero no aventura cuándo el kirchnerismo pretende volver a la carga, si será antes o después de las elecciones.

Con los pasos previos dados en las comisiones y el dictamen listo, el oficialismo está en condiciones de incluirlo sorpresivamente en cualquier sesión en que haya conseguido el quorum, siempre y cuando previamente haya negociado al menos de media docena de votos que le faltan para aprobar la ley.

Lo que está por verse es si esto ocurre en los meses que restan de este segundo semestre o si esperan que el escenario cambie luego de las elecciones del 10 de diciembre con otra integración de la Cámara de Diputados.

La semana pasada comenzó con la convicción en la oposición de que el Gobierno tenía los votos para aprobar la ley en la Cámara de Diputados. Juntos por el Cambio convocó a una cumbre de urgencia el domingo pasado –apenas terminado el superclásico– para acordar cerrar filas contra la ley.

El envión opositor sirvió para exponer a quienes eran los aliados que había conseguido el Frente de Todos para aprobar la ley, principalmente el mendocino José Luis Ramón, que orienta un minibloque funcional al Gobierno.

El presidente Alberto Fernández, el mismo día de la cumbre de Juntos por el Cambio, dijo que era culpa de la oposición que avanzara esta ley, porque no habían querido votar el pliego del juez Daniel Rafecas.

Al día siguiente, el lunes a mediodía, Roberto Lavagna tuiteó contra le ley, y dejó en claro la posición de su bloque. A la tarde, Rafecas, (candidato de Alberto Fernández) posteó en su Instagram que no iba a sumir si se modificaba la mayoría requerida para elegirlo, pero además recordó que Cristina Kirchner nunca había dado habilitado la discusión de su pliego en el Senado. Lo dijo en otras palabras: recordó que hace falta un acuerdo político para llegar a los dos tercios del Senado pero que “ese consenso recién se pone en juego en la audiencia pública que no se cumplió en mi caso”. “De haberse concretado esa audiencia en el Senado estoy seguro de que ese consenso se hubiera alcanzado”, agregó.

En una misma frase pareció contestarle a Alberto Fernández y, al mismo tiempo, recordarle a Cristina Kirchner que esperó sin suerte que pusiera su pliego sobre la mesa.

El martes se aprobó el dictamen en Diputados en una sesión tensa. Ese día, Mario Negri había chicaneado a Anabel Fernández Sagasti con que propusiera el tratamiento de la candidatura de Rafecas.

El miércoles, Mauricio Macri declaró que “no hay una negativa a priori” a esa postulación y Juntos por el Cambio se reunió en una nueva cumbre y garantizaron que aportarán sus votos en el Senado para aprobar la nominación de Rafecas y reclamaron que el Frente de Todos retire el proyecto de reforma de la ley del Ministerio Público.

El senador nacional Martín Lousteau (Juntos por el Cambio-CABA) pidió dijo que si ponían “el pliego de Rafecas en tratamiento”, la oposición lo iba a acompañar. Se sumó de ese modo a los planteos de Elisa Carrió, quien reprocha por lo bajo a sus aliados electorales de Pro y la UCR por no haber aceptado esa postulación en su momento. El abismo llevó a unificar las posturas más reticentes que tenía Mauricio Macri con las de Elisa Carrió, que apoyaba al candidato.

Con esta jugada, la oposición consiguió dos efectos. Uno de ellos es exponer la grieta interna del Frente de Todos, poner el dedo en la llaga y dejar en evidencia que si ahora Cristina Kirchner no pone el pliego de Rafecas en juego es porque no es su candidato. Esta idea es coincidente con lo que cuentan en el Instituto Patria sobre seguir negociando los votos necesarios para aprobar la ley.

Y el segundo efecto es contestarle a Alberto Fernández, cuando dijo que la culpa era de la oposición por no querer votar el pliego de Rafecas.

A priori, esta declaración de Juntos por el Cambio bastaría para destrabar la discusión, pero la oposición no cree que el Gobierno se avenga a debatir apoyos para la candidatura de Rafecas. Y el kirchnerismo sigue apostando por la ley que cambia las mayorías para elegir procurador.

El kirchnerismo tampoco cree que la oposición sea sincera. Una fuente del Instituto Patria chicaneó a la oposición y dijo que lo que busca Juntos por el Cambio es mantener al procurador interino Eduardo Casal.

Rafecas ya dijo que no asumiría si se dan esas modificaciones, pues entiende que la legitimidad en el cargo se la da el consenso entre las fuerzas políticas. No obstante, no baja su candidatura, sigue siendo el postulante oficial y no hay nadie más entusiasmado que el juez federal por asumir ese cargo.

El Gobierno –el albertismo– sigue insistiendo en que Rafecas es su postulante, que no buscan a otro y que finalmente van a convencerlo de aceptar la postulación si prospera la reforma legal.

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